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18 outubro/2013

El arte de interpretar

“Presencié, algunas semanas atrás, a un intérprete en acción. En cuatro días consecutivos, durante seis horas por día, pude atestiguar algo increíble, algo cerca a la magia.

La interpretación de conferencia es una atribución rara. Se paga muy bien y es muy valorizada. Los intérpretes aguardan con gran expectativa y ansiedad el momento de su trabajo -pues es su momento de brillar.

Su actuación ocurre en una cabina oscura. Allí, frente al micrófono, la vida se reduce a un pequeño momento. Cuando el intérprete se coloca sus audífonos, el mundo deja de existir. Natasha K. –como vamos a llamar a la intérprete en cuestión– entra en sintonía con el hablante, captando su humor y actitud, voz y gestos, y se transforma en su oráculo; él, a partir de ahora, hablará a través de su voz.

Sólo decir que ella es talentosa sería explicar de manera breve y no valorizar su carácter y trabajo arduo.   Su esfuerzo viene mucho antes de que su actuación empiece -son horas de lectura e investigación- para volverse familiar con el tema, entenderlo en un idioma diferente, encontrar equivalentes sucinto a su manera para memorizarlos. Ayer por la mañana, Natasha K. hizo la interpretación de una audiencia criminal… En la tarde, ayudó a arquitectos que tenían un buen conocimiento de su terminología, pero ella estaba preparada para ser un puente lingüístico entre ellos… Y ahora interpreta a administradores de un club de fitness, en un nuevo modelo de negocio.  Claro que para eso ella estuvo en su computadora, preparando todo, hasta la medianoche…

Pero, ella es talentosa. Porque, sacando toda la preparación, las palabras y la expresiones memorizadas, algo mágico ocurre en este momento y se apodera de ella, o mejor, a través de ella. No importa cuán rápido ella piense, Natasha no podría conscientemente examinar todas las miles de opciones para formar sus fases.  Sin duda, alguna cosa está ocurriendo en un nivel más profundo. Todo lo que ella dice nace en un momento de creación, el cual sobrepasa la barrera del pensamiento y control mental. Es su talento que la guía en ese momento de existencia, como un pianista concertista que durante su desempeño olvida su técnica, cesa de pensar en el público y deja algo sin definición e innominable fluir en sí propio. Espiando en su cabina, vemos cómo ella menea sus brazos, hace expresiones, mueve sus pies -entra en transe; es la profetiza de Apolo; ella está poseída por el espíritu de la interpretación simultánea. Su talento consiste en la división de su mente en dos partes: una está oyendo y acordándose de lo que el hablante dice en el presente, la otra está diciendo lo que él dijo 5 segundos atrás. Su talento es como 200.000 palabras en ruso moderno burbujeando como minúsculas burbujas en la punta de su lengua, prontamente saltando en millones de combinaciones en una fracción de segundo. Tiene un talento como el de un elegante D’Artagnan, pues cuando el mundo empieza a lanzar palabras e ideas con la velocidad de una ametralladora, ella balanza su florete de manera precisa y mortífera, como en una improvisación de Pushkin tejiendo una poesía precisa, o de Harry Potter cintilando su varita mágica en peligro mortal.

¿Alguien está oyendo? ¿O todo eso es en vano? Como en cualquier desempeño, Natasha K. necesita de retorno y es muy sensible a pequeñas señales de éxito o fracaso.  Alguien en la audiencia se sacó los audífonos del oído, se levantó y se dirigió fuera de la sala. Ah, ¿será culpa de ella? ¿Odió algo que ella acabó de decir? ¿Estaba cansado de sus frases encortadas, titubeantes y mutiladas?… O, tal vez, él pueda ni siquiera ser un ruso… En su camiseta vemos la frase ¡Viva Barcelona! Tal vez odie al intérprete español…

Solo al final de aquellos cuatro días Natasha pudo aprender que eso no fue en vano. Cuando una oyente rusa supera su timidez y resuelve entrar a la cabina para agradecer, diciendo gracias; usted nos ayudó a comprender; usted fue nuestros ojos y oídos… Entonces ella nota: alguien estaba oyendo.

Llega a casa de noche, enciende la pava y se sienta en el sofá, pero su cerebro todavía no está descansando. Fragmentos de frases, palabras perdidas, pensamientos vagos – ella oyó todos, pero no tuvo tiempo de reproducirlos… Podía haberlo hecho mejor… Cuando él dijo aquello, podría haber interpretado de manera más elegante… Sería mucho mejor… Había algo más preciso para decirse… ¿Qué era? No me acuerdo ahora… Entonces él dijo algo diferente y…

Hasta los magos se adormecen, y a veces sentados en el sofá. Más bien  que la pava es eléctrica y se apaga sola.”

Autor: Desconocido.

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